¿Qué es más ecológico: entierro o incineración?

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Quizás se trate de una pregunta atípica y por ello ambos métodos nunca han sido llevados a debate. Si bien es cierto que tanto las técnicas de entierro como las incineración han mejorado en los últimos tiempos, aún son ineficaces en lo que respecta al medio ambiente. Estos son los principales inconvenientes que presentan cada uno de los sistemas:

Entierro

Este sería el mejor método si no fuéramos más de 7.000 millones de personas. Sin embargo, al ritmo que nos morimos resulta imposible aglutinar a tanta gente bajo el suelo. El enterramiento proviene de costumbres ancestrales que se han ido manteniendo y evolucionando a lo largo de la historia. De ahí que hoy se utilicen ataúdes para aislar los cuerpos y evitar problemas de salud que, en tiempos pasados, causaban muchas epidemias.

Cementerio. Fuente: Pinterest.com

A pesar de todos loa avances en esta técnica, el entierro actual sigue siendo muy contaminante si nos fijamos en los materiales que se utilizan para las mortajas y los ataúdes. Derivados del petróleo, zinc y madera son los principales elementos que se usan en esta práctica. Esto, unido a que normalmente elegimos lo mejor pero no lo más ecológico para nuestros difuntos, supone un problema de dimensiones considerables para el medio ambiente. La utilización de maderas nobles para los ataúdes no solo provoca la tala de árboles -existe un sello que certifica que no proceden de bosques, el sello FSC– sino también el lacado o barnizado de su superficie con productos resistentes al agua, artificiales y tóxicos, que acabarán pasando al medio tarde o temprano.

Los ataúdes de maderas nobles suelen costar entre 8.000 y 13.000 euros, mientras que los fabricados con materiales reciclados cuestan en torno a unos 2.000 euros. Sin embargo, estos últimos apenas se comercializan. En Estados Unidos, su venta se sitúa un poco por debajo del 20% de los ataúdes.

Incineración

Es uno de los métodos más empleados en la actualidad como alternativa al entierro. Tiene algunas ventajas: no hay que ocuparse de su mantenimiento, su tamaño es reducido y no tiene costes adicionales con el tiempo. Aunque si hay algo por lo que la incineración destaca es por subsanar, en cierta medida, el problema de espacio en los cementerios.

 

Para incinerar un cuerpo se necesita una temperatura superior a 800º C en un horno crematorio, además de 20 litros de aceite y medio kilo de carbón activado para filtrar posibles emisiones contaminantes o de metales pasados. Aún así, se emiten a la atmósfera más de 27 kilos de CO2 por cuerpo incinerado. Además, las cenizas pueden contener altas tasas de metales pesados. En definitiva, sus consecuencias son mucho más grandes de lo que uno puede llegar a pensar.

 

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Crematorio. Fuente: Ecofuneral

Las cenizas caben en una pequeña urna funeraria que puede ser guardada en un armario o ser lanzada al mar o algún bello paisaje. Y es en este último caso donde empiezan los problemas. Las cenizas lanzadas a un río o un lago contaminan de sales sus aguas. Es cierto que no pasa nada por que una persona que un determinado momento lancé las cenizas de un familiar a un río especial de un pueblo o algo similar. Pero en ríos como el Sena, esto se ha convertido en una costumbre con serias consecuencias. Las urnas donde se guardan las cenizas suelen ser de madera, mármol o metálicas. La alternativa mas respetuosa con el medio ambiente son las urnas ecológicas biodegradables.

En definitiva, ambos métodos se pueden mejorar respetando un poco más el planeta en el que vivimos y haciendo uso de los productos reciclados y biodegradables.

Intraverno

 

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