Galiza, a nosa terra

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Unas 35.500 hectáreas calcinadas y 4 personas fallecidas en Galicia. 80 incendios en tan sólo 24 horas. Un total de 41 muertos y 316.000 hectáreas quemadas en Portugal. Gente que lo ha perdido todo. Esas son las tristes estadísticas que nos deja lo ocurrido en los últimos días en Galicia, Asturias y Portugal. Todo está claro hasta aquí, las cifras son las cifras. Pero detrás de ellas se esconden unas causas y consecuencias que se deben esclarecer.Galicia

Empecemos por el final, las consecuencias. La primera de ellas es la de carácter natural. Miles de hectáreas calcinadas en las zonas más verdes de la Península Ibérica y todo lo que ellos supone para las especies que habitaban en ellas. No habló solo de los seres humanos que lo han perdido todo, algunos incluso la vida, sino de los animales y plantas, árboles mejor dicho, que han notado como su hábitat se quemaba y les dejaba en una situación desastrosa. He aquí un ejemplo de ello.

Por otro lado, las consecuencias políticas. Como siempre, en España nadie ha asumido ninguna responsabilidad en el ámbito político. No sólo eso, sino que además el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, se alaba asimismo asegurando que Galicia tiene uno de los mejores sistemas de prevención y extinción de incendios de Europa y del mundo. Sin embargo, en el país vecino la cosa ha sido distinta. La ministra de Interior portuguesa ha dimitido de forma inmediata tras lo sucedido.

No obstante, las causas son también un aspecto digno de análisis. 436 brigadistas despedidos el 30 de septiembre, una Ley de Montes aún en vigor, y que el PP se niega a reformar, son dos antecedentes que se deben tener en cuenta. Los culpables acabaran saliendo a la luz, pero plantear soluciones es el único camino posible para evitar este tipo de acontecimientos. Entre ellas, algunas de las que se deberían aplicar de forma inmediata son:

  • Derogación de la Ley de Montes actual que permite la recalificación de los terrenos quemados para fines urbanísticos.
  • Elaboración de un plan activo de sustitución de especies pirófilas (pinos y eucaliptos) por especies autóctonas más resistentes a los efectos del fuego.
  • Creación de un dispositivo sólido de prevención contra incendios permanente y que ofrezca información en tiempo real a la ciudadanía sobre el estado de los montes para que, en caso de emergencia, se pueda actuar con seguridad y coordinar las labores de extinción.

Galicia no arde, Galicia la queman. No me refiero a los pirómanos de turno que haberlos los hay y son igualmente culpables, sino de esos hombres trajeados que solo miran por sus intereses y se frotan las manos pensando en recalificar y urbanizar el terreno quemado para lucrarse económicamente. Estas cosas existen por mucho que miremos a otro lado. Una única esperanza cabe dentro de mí, que este debate que se abre cada vez que se sucede un incendio no se apague tan rápido como el fuego. Es imprescindible elaborar soluciones políticas que no permitan que situaciones así vuelvan a ocurrir. Galicia ha dicho basta, nunca mais. Veremos cuanto dura esta indignación popular y si finalmente se plasma en forma de algún cambio político. El tiempo lo dirá. Galiza no arderá Nunca Mais.

Ismael Zaragoza