Al buen tiempo, mala cara

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Este otoño se está convirtiendo en una prolongación de un verano que ya está durando demasiado. Para la gente de a pie, estas jornadas calurosas y benévolas pueden parecer algo agradable de lo que disfrutar. No obstante, estas temperaturas altas en épocas del año totalmente fuera de lugar pueden tener numerosas y graves consecuencias a corto y medio plazo.

La semana pasada hemos tenido temperaturas extraordinariamente altas jamás vistas. En algunas ciudades como Ponferrada, Salamanca o Cáceres nunca se habían registrado temperaturas tan altas en el mes de octubre, alcanzando valores en torno a los 35º C. Para que luego diga Donald Trump que el cambio climático no existe, que es un invento de China.

Altas temperaturas y ni una gota de agua

Las altas temperaturas que marcan los termómetros no son el único problema actual de nuestro país en materia medioambiental. Esto unido a la falta de precipitaciones ha desembocado en una sequía que ya está causando estragos en buena parte de España, sobre todo, en el norte peninsular. En Galicia, el norte de Castilla y León, Asturias y Cantabria, las precipitaciones han sido un 75% menores de lo habitual. Además, este mes de septiembre ha sido el más seco del siglo XXI en España.

La falta de precipitaciones y las altas temperaturas llevan a una situación de bloqueo que limita el movimiento del aire en las ciudades. Esto aumentará los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) en los grandes núcleos urbanos como Madrid, lo que seguramente obligará a activar de nuevo los protocolos de contaminación en la capital.

Galicia en pleno octubre
Galicia en pleno octubre. Fuente: La Voz de Galicia

El frío y la conciencia como solución

Sólo la llegada del frío, que vendrá acompañado con algo de precipitaciones, puede solucionar este grave problema meteorológico que atraviesa el país. Sin embargo, esta situación no es un problema aislado.

La falta de conciencia durante años de la sociedad española sobre el medio ambiente ha sido el gran detonante de una realidad meteorológica peligrosa para nosotros mismos. No será, hasta el día que comprendamos que nos estamos matando a nosotros mismos, cuando nos concienciemos. Sólo entonces dejaremos el coche en el garaje y usaremos el transporte público aunque no sea tan cómodo. Sólo entonces dejaremos los combustibles fósiles a un lado y fomentaremos el uso de energías renovables limpias que nos convertirían, por nuestra geografía, en un país puntero. Pero hasta entonces, por desgracia, nuestros pulmones seguirán sufriendo y continuaremos cogiendo el coche para ir a trabajar.  El ser humano se da cuenta de los errores cuando ya es tarde, que se lo digan a todos los fumadores que fallecieron deseando haberlo dejado algún día.

Frío, ven ya.

Ismael Zaragoza

 

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