Parque Regional del Sureste de Madrid

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Una de las constantes en el blog de Celtaia ha sido, casi desde el principio, la publicación una vez al mes de un post en el que hablamos de un Parque Nacional de los que conforman la red de Parques en España. Ya se nos ha acabado la lista de Parques Nacionales de España, pero todavía quedan más áreas protegidas que podemos visitar, como por ejemplo los Parques Naturales o los Parques Regionales. No gozan del mismo grado de protección que los Parques Nacionales, pero aún así por su valor ecológico merecen distinciones para preservar su riqueza.

El caso que nos ocupa, el Parque Regional del Sureste, oficialmente llamado Parque Regional en torno a los ejes de los cursos bajos de los ríos Manzanares y Jarama, es especial debido a que es un ejemplo de zona alterada por el hombre que ha adquirido importancia ecológica debido a las especies que alberga. Es cierto que hoy en día es muy difícil encontrar alguna zona que no haya sido alterada por el hombre, pero normalmente las zonas protegidas suelen estar relativamente poco alteradas, por lo que el Parque Regional del Sureste es una excepción.

Mapa del Parque Regional del Sureste de Madrid
Mapa del Parque Regional del Sureste de Madrid

Creado en 1994 tras la aprobación de la Ley 6/1994, de 28 de junio, sobre el Parque Regional en torno a los ejes de los cursos bajos de los ríos Manzanares y Jarama, comprende una superficie de 31.552 hectáreas que incluye áreas de los municipios de Torrejón de Ardoz, San Fernado de Henares, Coslada, Mejorada del Campo, Velilla de San Antonio, Rivas-Vaciamadrid, Arganda, Madrid, Getafe, Pinto, San Martín de la Vega, Valdemoro, Titulcia, Ciempozuelos, Chinchón y Aranjuez, donde se entremezclan los usos agrícolas, forestales, residenciales, mineros, industriales, de reserva ecológica y de ocio.

Precisamente el uso minero del territorio es el que le ha dado una característica especial al parque, y que ha dado lugar a la Laguna de El Campillo. Situada en Rivas-Vaciamadrid, es el resultado de la extracción de gravas por debajo del nivel freático, lo que hace que se vaya acumulando el agua, por lo que se fue formando esta laguna artificial, dando lugar a un humedal que se ha convertido en un refugio de vegetación y animales, en especial para las aves. La laguna, de 48,5 hectáreas, 1.500 metros de longitud, y 400 metros de ancho, tiene una profundidad máxima de 20 metros, siendo la profundidad media de 6 metros.

Laguna de El Campillo, humedal que se formó de forma artificial debido a la extracción de gravas por debajo del nivel freático
Laguna de El Campillo, humedal que se formó de forma artificial debido a la extracción de gravas por debajo del nivel freático

El territorio que abarca el parque cuenta con mamíferos como la comadreja, el erizo común, el gato montés, el jabalí, la liebre, el conejo europeo, el murciélago común, el tejón, el zorro o el mapache entre otros. También hay reptiles y anfibios, como la culebra de escalera, la lagartija colirroja, la tortuga de Florida, el tritón jaspeado, la rana y el sapo común, etc., y por supuesto hay peces, como el cacho, el gobio, el lucio, el pez gato, o la trucha arco iris, pero los animales que mejor representan este humedal son las aves.

Hay gran variedad de aves típicas de los humedales y de la meseta castellana. Es interesante la presencia del martín pescador y del martinete, y destaca la avutarda. En las zonas de cultivo está presente el sisón y el alcaraván. También podemos encontrar rapaces como el milano negro y el búho real, y otras rapaces en grave peligro de extinción como el halcón peregrino o el cernícalo primilla. La presencia de las cigüeñas blancas también es muy importante, tanto de ejemplares que están de paso preparando su migración hacia África, como de ejemplares que viven durante todo el año.

Cultivos y más cultivos, imagen muy típica del parque
Cultivos y más cultivos, imagen muy típica del parque

Entre la vegetación, destacan los pinares, procedentes de repoblaciones forestales de carácter protector realizadas a mediados del siglo XX. También hay encinares, aunque no son muy abundantes. Por supuesto hay que destacar los cultivos, ya que ocupan más de la mitad de la superficie del parque, por lo que prácticamente dan forma al territorio, además de ser un componente económico muy importante de la región.

Como habéis visto, aunque el parque no sea una reserva de vida “natural o salvaje”, y sea fruto de la interacción humana , al final todos los territorios tienen su valor, ya sean naturales o “artificiales”, y cualquier territorio debe ser protegido.

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