Contaminación lumínica

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La verdad es que ir de noche por la calle y no ir a oscuras es un lujazo del que sólo nos damos cuenta cuando algo falla y vamos por una calle completamente a oscuras. Como decía, eso de la oscuridad no es algo que nos agrade, pero una cosa es iluminarnos lo suficiente para ver, y otra lo que pasa en medio mundo, que llega un momento en el que estamos sobreiluminados, y este exceso de luz puede llegar a ser un problema, tanto ambiental como de salud.

Para empezar, una excesiva iluminación supone un derroche energético, con todo lo que conlleva. Hay que generar la energía suficiente para satisfacer la demanda que desencadena el exceso de iluminación, y la energía no se genera con trucos de magia, como todos sabéis. Hay que generarla en centrales eléctricas, cuya fuente en muchos casos no es renovable, lo que implica uso excesivo de recursos naturales y emisiones de gases contaminantes y de efecto invernadero a nuestra maltratada atmósfera. Por supuesto también afecta a nuestro bolsillo: si consumo más luz, la factura será más elevada.

Esta imagen de la Tierra de noche nos muestra donde se concentra más población
Esta imagen de la Tierra de noche nos muestra donde se concentra más población

También puede tener consecuencias en la salud humana. El ser humano es una especie esencialmente diurna, la mayoría de nosotros realizamos nuestras actividades cotidianas de día, y descansamos de noche, pero tanta luz altera nuestro descanso, ya que altera nuestros ritmos de sueño vigilia. Y no es necesario vivir en una gran ciudad para sufrir estas consecuencias, para que os hagáis una idea de lo que se extiende la contaminación lumínica, la iluminación de una ciudad como Valencia no permite ver todas las estrellas visibles si no nos alejamos 100 km de ella.

Además el ser humano no es el único animal afectado por tanta luz. Una de las consecuencias del exceso de iluminación es que apenas podemos ver las estrellas. Esto parece que puede ser algo que no tenga importancia, al menos para nosotros, pero muchas aves se orientan gracias a las estrellas, y el exceso de luz hace que se desorienten, y fallecen porque chocan entre ellas, con edificios, o simplemente se pierden y no llegan a su destino. Que haya más luz, también hace que para algunas aves los días sean más duraderos. Al aumentar las horas de luz y reducir las de oscuridad, pasan más tiempo alimentándose, engordando más rápido, provocando que migren antes de tiempo.

Lo mismo que la imagen anterior, pero aplicado a la Península Ibérica
Lo mismo que la imagen anterior, pero aplicado a la Península Ibérica

En cuanto a los insectos, se ven afectados de varias formas. La más directa es que se chocan contra los focos de luz porque les atrae la luz y mueren. Si no se chocan contra los focos de luz, al sentirse atraídos por ellos, se acumulan alrededor de los mismos y son presa fácil de los depredadores. Además se reproducen menos, porque normalmente realizan sus funciones vitales de noche, como reproducirse, por lo tanto, al haber luz artificial, es como si fuera de día, por lo que acaban teniendo menos descendencia.

Por supuesto, si la población de insectos disminuye, o abandonan su hábitat atraídos por nuestras luces, los animales cuya alimentación se compone en gran parte de insectos, tendrán serios problemas para mantenerse. Es el caso de los zorros, garduñas, comadrejas, ginetas, búhos o lechuzas, por poner varios ejemplos.

Ejemplo de iluminación chapucera que derrocha energía
Ejemplo de iluminación chapucera que derrocha energía

Otro ejemplo de animales afectados por el exceso de iluminación son las tortugas. Tras depositar los huevos en la playa, vuelven al mar atraídas por el resplandor del horizonte, pero la iluminación artificial pueden equivocarse y tomar el camino en sentido contrario dirigiéndose directamente a las ciudades, por lo que muchas mueren atropelladas por el camino, sobre todo tortugas recién nacidas.

Por situaciones como estas debemos tomar conciencia y considerar la contaminación lumínica como un problema real y muy grave, ya que a veces podemos creer que no es para tanto. En este caso, los ciudadanos podemos aportar nuestro granito de arena reduciendo nuestro consumo domestico, pero las medidas drásticas las deben tomar las administraciones, ya que la iluminación de las ciudades, pueblos e infraestructuras dependen de ellas, implantando medidas que iluminen las calles, no el cielo.

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