El precio del combustible

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El título del post nos puede llevar a engaño. No voy a hablar de cuánto nos cuesta llenar el depósito, y cuánto ha subido o bajado el precio del litro de gasolina durante el último año. Voy a hablar del precio que paga el planeta y que pagamos todos por poder llenar el depósito del coche. Curiosamente, los que pagan el precio más alto son los que no tienen coche, los que apenas tienen para comer, o los que ven destruido el entorno donde viven para saciar nuestra sed de gasolina (o diesel).

Vivimos en un mundo extraño. Ahora parece que nos estamos preocupando por esa cosa que llaman calentamiento global, que derrite los casquetes polares y hace que aumente el nivel del mar. Como gran parte de este problema está provocado pos las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente CO2 que expulsan los coches por su tubo de escape, se nos ha ocurrido que para reducir el impacto de nuestro coche particular, podemos producir biocombustibles.

¿Qué son los biocombustibles? Pues como contiene el prefijo bio tiene que ser bueno, porque todo lo bio es bueno, ¿no? En principio podría ser así, ya que son combustibles (bioetanol o biodiesel entre otros) derivados de biomasa, es decir, organismos reciente vivos o sus desechos metabólicos, y proceden principalmente del azúcar, trigo, maíz o semillas oleaginosas. La diferencia con los combustibles de toda la vida, es que la gasolina que le echamos a nuestro bólido desde siempre procede del petróleo.

Llenar el depósito con biocombustible no es esto exactamente
Llenar el depósito con biocombustible no es esto exactamente

Los dos emiten CO2 cuando se produce la combustión, pero mientras la gasolina de toda la vida, la derivada del petróleo, emite CO2 que lleva atrapado mucho tiempo, por lo que su liberación supone un incremento en la atmósfera, el CO2 emitido por los biocombustibles teóricamente no supone un incremento de este gas de efecto invernadero en la atmósfera, ya que al ser producto derivado de la biomasa, durante el crecimiento de esta biomasa, el CO2 que ha sido emitido, fue fijado anteriormente por estas plantas que tan amablemente han dado su vida para llenarnos el depósito del coche.

Aunque esto último no es del todo cierto. Si bien es verdad que parte del CO2 emitido fue absorbido previamente por la planta durante su desarrollo, la recolección de los cultivos, su transporte, transformación en biocombustible y su posterior distribución si emiten CO2, aunque el balance de CO2 emitido y absorbido no está tan desequilibrado como con el combustible convencional, en el que todo son emisiones.

Por lo que hemos  visto hasta ahora, podríamos pensar que los biocombustibles son todo ventajas, ya que reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera, pero no todo es tan sencillo en la vida real. Como he puesto en el segundo párrafo, la biomasa que se utiliza para producir estos biocombustibles procede principalmente del azúcar, maíz, trigo o semillas oleaginosas. No sé a vosotros, pero a mí me suenan a productos básicos de alimentación.

Repito la primera frase del post, vivimos en un mundo extraño, y ahora la vuelvo a poner para referirme al tema de la alimentación. El planeta produce (de momento) alimentos suficientes para todos. Sin embargo hay mucha gente que muere de hambre en el mundo. Aunque es una cifra difícil de concretar con exactitud, se estima que cada día mueren 40.000 personas de hambre en el mundo.

Primero come el coche, luego la persona
Primero come el coche, luego la persona

Si la demanda de biocombustibles sube, habrá que dedicar más superficie de cultivo para abastecerla, y se me ocurren dos maneras de satisfacer esta necesidad: utilizar parte de la superficie utilizada para cultivos destinados a la alimentación, o seguir talando para obtener más tierra de cultivo.

Se nos presentan problemas sea cual sea la opción. Si utilizamos tierras de cultivo destinadas a alimentos para producir biocombustibles, la producción de alimentos se reducirá, aumentará la demanda, aumentará el precio de los alimentos, y por tanto seguirá muriendo gente de hambre en el mundo.

Si optamos por no reducir la superficie de cultivo destinada a la alimentación, tenemos que obtener estas tierras de alguna manera, que suele ser la deforestación. Talamos, quemamos y desbrozamos superficies arboladas para mantener nuestra demanda, ya sea de gasolina o de alimentos, pero a cambio de reducir la superficie forestal.

¿Dónde acabará, en mi estómago o en mi coche?
¿Dónde acabará, en mi estómago o en mi coche?

Haciendo referencia al título del post, el precio del combustible es muy elevado, y lo pagamos de muchas maneras: emitiendo gases de efecto invernadero que contribuyen a calentar el planeta, deforestamos como locos para obtener algo más de terreno que nos permita llenar el depósito, destinamos para gasolina lo que iba a servir para alimentar a la población, etc.

Así que creo que en mi humilde opinión, la opción más sensata sería reducir la demanda de combustible, ya sea tradicional o bio, para reducir la presión sobre los recursos del planeta, ya sea de combustibles fósiles, de superficies cultivables o para reducir la deforestación.

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